Conservación

La forma correcta para conservar una trufa es en el frigorífico, a una temperatura entre 1 y 4 grados centígrados. Hemos de conservarla siempre bien limpia y seca. Para que guarde más tiempo el aroma  la introduciremos en un recipiente hermético, envuelta en un trozo de papel absorbente. Este papel tendrá que cambiarse cada uno o dos días y limpiar el agua que desprende el hongo.

En estas condiciones la trufa puede durar unas dos semanas. En el momento en el que la trufa comienza a estar blanda, hay que utilizarla inmediatamente, o bien congelarla para usarla posteriormente.

Si no tiene claro en qué va a utilizar toda la trufa, lo mejor es cortarla y congelar la parte que no va a usar para que no pierda aromas ni peso.

Para congelar:

Envolver bien con plástico trasparente y poner la trufa en un recipiente que cierre herméticamente, apto para congelador. Si se envasa al vacío pierde aromas ya que son extraídos por la succión del vacío.

Cuando la queramos usar, simplemente la sacamos en el momento, sin descongelarla previamente, retiramos el film trasparente, rallamos lo que necesitamos y cuando terminamos de usarla, le volvemos a poner el film, la metemos en el bote y la metemos de nuevo al congelador hasta su siguiente uso.